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ENTREVISTA

POR @SOMOSTUDIO

¿Qué es Tomás Nox?

Es un proyecto musical que nace con la idea de dar refugio, a través de las canciones,  a quienes hemos caminado alguna vez entre sombras. Parte de las ganas de acompañar momentos de la vida de otros. 

 

Las letras hablan de amor, lucha, redención y de esas decisiones críticas que cambian el rumbo de una vida entera. 

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¿Qué te llevó a formar este proyecto?

Si soy sincero, Tomás Nox no nació en una sala de juntas ni buscando encajar en una fórmula perfecta. Nació de una necesidad muy humana: la de no guardarse nada adentro.

Escribo canciones desde los quince años. Pero nunca llegaban a grabarse y se quedaban en papel. Después escribí para que otros las cantaran. Pero los resultados nunca terminaban de sentirse míos ni de conectar como debían. 

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Fue ahí cuando un productor me miró y me soltó una frase que lo cambió todo: “Tienes que cantarlas tú”.

Acepté medio a regañadientes, porque mi mundo siempre había sido componer y tocar un poco la guitarra, no estar al frente de un micrófono. Sabía que si iba a dar ese paso, tenía que hacerlo en serio.

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Un amigo, cantante de una banda de metal, me sugirió tomar clases de canto. Le agradeceré siempre ese consejo, porque me hizo crecer un montón y descubrir una nueva forma de entregar el alma.

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¿Cuáles fueron tus influencias musicales?

La verdad es que mi cabeza siempre ha sido una esponja sin prejuicios.

Mis influencias son un mapa grande y caótico. 

Crecí mamando el rock en español desde Sui Generis, Soda Stereo, Los Tres o La Ley, Enanitos Verdes, Miguel Mateos o Los Bunkers. Esas letras en nuestro idioma me enseñaron cómo una canción puede volverse parte de tu propia biografía. Al mismo tiempo, mi adolescencia olía a cuero, amplificadores a tubo y distorsión pesada. Me volví loco con el heavy metal de Iron Maiden y con Metallica. 

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Me fascina la sinceridad rítmica del hip-hop, del trap o de la música urbana, y el latido profundo de la salsa, el merengue o la bachata. Al final, la buena música no entiende de pasaportes ni de géneros puros; entiende de emociones.

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Lo loco es que, en la música, la gente a veces tiende a armar trincheras: que si el rock es enemigo de lo urbano, que si el metal no se lleva con el pop, o que los géneros latinos bailables viven en otro universo. Ahí es donde está la magia. Del choque de mundos tan distintos es de donde se sacan las ideas más honestas. Hoy en día, no le hago ascos a nada. Para mí, las influencias no son una lista de bandas a las que imitar, sino herramientas para construir un lenguaje propio. 

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Para mí, las influencias no son una lista de bandas a las que imitar, sino herramientas para construir un lenguaje propio. Cuando mezclas la potencia de una guitarra de metal, la sensibilidad de una balada de rock latino y la urgencia de ritmos modernos, dejas de encerrarte en una caja y empiezas a conectar con lo único que importa: lo que te hace latir el pecho.)

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¿Cómo te defines dentro de la industria musical?

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Si te soy completamente sincero, la palabra "industria" a veces suena fría, como si la música fuera una línea de montaje donde todo tuviera que encajar en una caja perfecta. Si me preguntas cómo me definiría ahí adentro, te diría que más que encajar, prefiero construir un puente.

No busco ser el producto predecible de una tendencia pasajera ni el trofeo de un nicho cerrado que le cierra la puerta a todo lo demás. Hoy en día es fácil ver cómo la música a veces se divide en bandos, como si escuchar un género te prohibiera disfrutar de otro. Pero yo creo firmemente que la buena música no tiene pasaporte ni etiquetas estrictas; lo único que busca es un lugar donde resonar.

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Me defino simplemente como un músico de canciones honestas. Alguien que tomó un montón de influencias distintas —desde el rock en español que nos marcó la piel hasta la fuerza del metal, pasando por la crudeza del grunge o la cadencia de ritmos urbanos y latinos— y decidió meterlas en una juguera para sacar algo auténtico.

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Para mí, el lugar dentro de este mundo no se mide en números fríos, sino en la conexión humana. Quiero estar en ese espacio donde las personas que aman la música con alma encuentran la misma intensidad que aquellos que simplemente buscan una letra que les hable de frente y les acompañe en sus propios procesos.

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No estoy aquí para competir con nadie, sino para compartir un refugio. Si la música es un idioma universal, mi lugar en esta industria es hablar sin pretensiones y con el corazón en la mano, para que cada vez que escuches una canción, sientas que fue escrita exactamente para ti.

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